Mar
21

Año internacional de la higiene mental

Bien amados corazones accidentados,

Hoy avanzaba por la calle y de repente sentí que todo estaba de buen humor, que el árbol de los vecinos me saludaba atento, que la brisa había decidido recostarse en el césped del parque cercano a mi zaguán, y que El Mecánico del Amor, este servidor de ustedes que con pompa se refiere a sí mismo en tercera persona, como hacen los políticos, le ofrecía al día una sonrisa dental-total (rebosante de flúor, pero no de espuma porque aquello sería aterrador para la gente de mi barrio).

Escribo estas líneas este 21 de marzo para celebrar la llegada de la primavera (aunque esto pasa desapercibo en la ciudad en la que vivo, pues por algo se llama “Ciudad primavera”). En cualquier caso, el clima es propicio para que la imaginación corra las cortinas, abra la ventana y salte para planear estilo “Birdman” (que, traducido al la lengua latinomericana equivale a “Condorito”; de paso, les invito a que lean mis dos tributos al pajarón de la sandalias hippies, 1 y 2 ).

Y para que vuele la imaginación y el espíritu se hinche de optimismo este año es preciso practicar una limpieza integral a los archivos nacionales del corazón. Se impone agarrar una bolsa de basura tamaño industrial y empezar arrojar adentro los expedientes de aquellos malos amores que solo pudieron emerger en las pantanosas aguas de la República del Drama (territorio de espanto sobre el que en su momento escribí, poniendo en riesgo mi ya frágil salud mental, 1 y 2  ). Eso sí, les sugiero usar mascarilla porque el polvo que levanten estos vejestorios por seguro tendrá una densidad asfixiante, pues a lo mejor data del antiguo Egipto (el sacerdote Imhotep, colega de mi cuate El Hombre de Cro-Magnon en el museo de la Ciudad Primavera, sabe a lo que me refiero).

la mente

Eso sí, de algunos de los cajones saldrán fantasmas, quizás los de las navidades pasadas (¿?), y se querrán escurrir por donde puedan. ¡De inmediato ustedes deberán retirarlos de escena con su aspiradora! En caso de que solo cuenten con la clásica escoba pueden recurrir al exorcista de su barrio para que proceda a ahuyentar a los espantajos que les crean tan molestas obsesiones, las que en el caso de algunos borrachines y borrachinas hacen que demuelan sus hígados, haciéndose el harakiri en el karaoke de la esquina, mientras degüellan las tonadas de Ricardo Arjona (divinidad mayor de la iglesia de Ricardo Arjona).

La tarea se exigente porque es fuerte la tentación de andar guardando trastes inútiles en la mente. Conozco de gente que tiene el la azotea como el botadero municipal.

botadero

Aquí estoy para que nos apoyemos y, de ser necesario, hagamos terapia grupal con botana y refrescos incluidos. Entonces, alcemos la voz diciendo: ¡Qué buena iniciativa del Mecánico del Amor! ¡Qué viva el año internacional de la higiene mental!

Hasta pronto,

E.M.A.

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