Jul
31

Ojo cubista (o la historia de cómo aprendí a amar el arte abstracto)

Author E.M.A.    Category Club de Corazones Accidentados     Tags     8,261 lecturas

Sensibles corazones accidentados,

Hace un tiempo El Hombre Impermeable  me presentó a una amiga suya y me pidió mi opinión acerca de ella. Le respondí que me pareció “una dama muy instruida, posedora de un espíritu cultivado como hay pocos y además toda una patriota”. Ante lo diplomático de mi comentario, el hombre al que todo le resbala me dio un manotazo en la espalda y me pidió sinceridad. Le expliqué que la chica “no era mi tipo”. Él me indico que no la había mirado bien que, de observarla unas tres o cuatro veces, podría descubrir su belleza. “Como si contemplaras un cuadro cubista”, me dijo. Es así que…

El Hombre Impermeable me enseñó a amar el arte moderno, al igual que Picasso, quien apreciaba a sus amigas y novias tal si fueran parientes de BiZarrO.  Como esta chica, cuyo angular sombrero “no le pide favor”   a las dos quijadas de su rostro:

O esta otra, llamada Dora Maar, la que podría ser una chica multitasking, con un ojo que le sirve para chequear su Blackberry y otro para dedicárselo a la amiga con la que se está tomando un café:

 Esto de las facciones cubistas también le ocurre a los hombres. Por eso las lectoras de este blog, al encontrarse en la discoteca con un chico con una apariencia de ese tipo, tienen que ser pacientes, mirarlo de cerca y de lejos para hallarle el “charm”. Aquí un ejemplo:

Eso sí, las chicas deben estar muy alertas: que el chico tenga rostro pixeleado no quiere decir que sea un santo. De hecho, en la red me encontré a estos tres juerguistas con los que de ningún modo se puede entablar “una relación seria”.

Con afecto cubico -afecto³- me despido,

E.M.A.

 

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